Por: Jhonier SIlva

Recién casada Amparo Mariño aprendió el arte de la confección, cuando aún vivía en la zona rural, pero luego de un tiempo se trasladó al barrio La Lomita, en el casco urbano, donde empezó de pleno su vida como confeccionista. En esta etapa de su vida quiso enfocarse por la línea deportiva y construyó su propio emprendimiento basado en sus habilidades y talento.

A medida del tiempo fueron naciendo sus hijas, hasta que conformó una familia de 5 personas. Gracias a su trabajo pudo mantener a su familia, junto con la ayuda de su esposo Roberto Peñaranda. Amparo recuerda hoy su vida rutinaria de ese entonces, donde un día de trabajo empezaba a las 4 de la mañana y finalizaba a las 9 de la noche, entre las tareas de su negocio y sus responsabilidades como madre.

La caída del pueblo, como para todos los gramaloteros, fue una tragedia para ella. Empezó una dura etapa de su vida llena de desestabilidad emocional, sentimental y económica. La incertidumbre ante lo que ocurriría, así como perder el lugar donde habían construido toda una historia, fue devastador para el tejido social de toda la comunidad y para la vida de Amparo.

Después de la tragedia, inicialmente se fue a vivir a la finca de su padre, a una media hora del casco urbano y, posteriormente, se dirigió al Instituto Técnico Agrícola, el cual fue adaptado como un albergue temporal. Allí vivió 8 meses de grandes dificultades, pero también de muchos aprendizajes y ayudas. Luego, se fue a vivir a la su finca “Villa Ralam”, donde vivió 6 años con su familia.

Tras la destrucción del casco urbano, Amparo sintió la obligación de buscar otro rumbo a su vida y de buscar una manera diferente de ver su entorno. El reto para esta mujer gramalotera fue el mismo que tuvieron muchos de sus paisanos: transformar su saber hacer para adaptarse a una nueva vida, aprender de las dificultades y sacarle el mejor provecho a una situación que había destruido los sueños de toda una comunidad. Amparo, a raíz del desastre, empezó su propio renacer como mujer.

Durante los primeros años, Amparo, una mujer del casco urbano, descubrió una habilidad que la llevaría muy lejos, el liderazgo. Empezó a tomar la vocería por la gente del campo, productores agrícolas y criadores de animales quienes en los años seguidos a la destrucción de Gramalote, sostuvieron sobre sus hombros todo el desarrollo e impulsaron el florecimiento de la economía gramalotera. A través de su trabajo con caficultores y ganaderos, descubrió el valor de su voz, la lucha por los derechos y su capacidad para organizar a la comunidad y motivarla hacia un fin común.

Por lo anterior, Amparo quiso inteligentemente ver la vida de otra forma y empezó a estudiar derecho. Ella ha tenido que darse su estudio y, como una luchadora gramalotera, también se ha encargado de darle estudio universitario a sus dos. Como madre, descubrió que sin estudio y un empleo estable sería muy difícil apoyar económicamente a sus hijas, razón por la cual se ha asegurado de que todos los miembros de su familia se superen tanto personal como profesionalmente.

Mientras que esta gran madre y señora obtiene el título de abogada, en estos seis años ha trabajado en el componente económico del plan de reasentamiento, dándole continuidad a su proceso como líder rural. Además, siguió con sus trabajos de confección y con su esposo ha sacado a sus hijas adelante.

El regreso anhelado al casco urbano de Gramalote fue algo sobre lo que nunca perdió la esperanza. Hoy recuerda que tras escuchar las promesas del actual presidente, Juan Manuel Santos, estuvo firme con el pensamiento y la idea regresar: “regresaré a mi pueblo, regresaré a mi Gramalote”. Al ver que ya iniciaban las construcciones de la vía del nuevo casco urbano, hubo una felicidad inmensa en ella. Me lo relató muy emocionada: “vi que sí podía ver a mi hija menor jugando con sus amiguitas por las calles, corriendo en el parque, me ilusionaba muchísimo ante cualquier avance… Ya construida una parte del casco urbano vi la posibilidad de volver a mi Gramalote y, hoy en día, ya pude arrendar una vivienda cerca al parque y ver que mi sueño, de ver a mi adorada hija criarse en el pueblo, sería una realidad”.

El 19 de junio del 2017 la señora Amparo Mariño, junto con su familia, se trasladó a vivir al nuevo casco urbano con la ayuda de sus muy queridos vecinos. Con empleo y sus ganas de salir adelante, para ser un ejemplo para sus hijas, esta mujer líder y luchadora nos ha demostrado que jamás se rinde. Amparo es valiente, no le teme a los buenos retos, quiere dejarle un legado a sus hijas y es una digna muestra de lo que es una mujer gramalotera.

Durante nuestro encuentro, este personaje me ha dicho que “No hay como estar en casa cómodamente, Gramalote es un lugar con un clima perfecto, hermosos amaneceres y mañanas frías, donde puedes disfrutar de un buen café recién hecho, eso sí aquí en mi casa, en Café Rúchical”.

Y con estas palabras Amparo Mariño finalizó su conversación conmigo, porque más que una entrevista, fue una charla muy amena con una amiga. Ya podrán imaginar la gran mujer que es: agradable, divertida, muy carismática, con mucho carácter y personalidad, pero sobretodo muy segura de sí misma.