Por: Emily Veloza

«Carmelita» como comúnmente es conocida esta mujer gramalotera, recuerda como vivía en su Gramalote querido.

En su relato es muy notorio cómo se le asoman las lágrimas y se le entrecorta su voz al recordar su humilde pero, para ella, hermosa casita que se encontraba ubicada en el barrio Santa Rosa del antiguo casco urbano de Gramalote.

Durante mi visita, recuerda que allí vivió los mejores años de su vida al lado de su esposo, hijos y queridas y recordadas vecinas.

Entre los oficios de la casa, y uno que otro trabajo de empleada doméstica, transcurría su vida en el pueblo. Hoy añora, con una enorme sonrisa y un brillo deslumbrante en los ojos, esos momentos que compartía en las inolvidables tardes de su pueblo, en compañía de muy buenos amigos a los cuales recuerda y dice no olvidar.

Quienes conocen a doña Carmen saben que ella es una persona alegre, extrovertida, amable y generosa pero, sobre todo, muy humilde. Ella siempre está sonriente y llena de energía para realizar sus actividades.

Hoy recuerda con nostalgia los duros y difíciles momentos que vivió cuando Gramalote desapareció lentamente, aquel inolvidable 17 de diciembre del 2010. Ella se radicó junto con sus hijos en el municipio de Santiago, siendo este un pueblo cercano y guardando la esperanza de regresar pronto a su amada tierra gramalotera. De esta época relata que fue muy duro y difícil acostumbrarse al clima y a la gente por sus costumbres y, aunque ahí también tenía familia, para ella nada era igual.

Después de 5 largos años, y pasar muchas dificultades, regresó junto con su esposo e hijos a la zona rural de su amada tierra gramalotera. En un inicio llegó a vivir en una casa arrendada de la familia Guerrero, que se encontraba ubicada en la zona conocida como Puente Cuervo. Allí despertaba todos los días con la ilusión de vivir en una casita que su esposo construía en el antiguo pueblo.

Pero su alegría duró muy poco, ya que la naturaleza amenazante derrumbó, poco a poco, no solo el terreno donde habían construido, sino las ilusiones que toda la familia se había hecho de vivir en esa casa.

Después de dos intentos fallidos y una tristeza inmensa, se hizo evidente que los designios de Dios eran unos muy diferentes a los que ellos querían. Pero cuando todo estaba perdido las nubes se alejaron, los días grises quedaron atrás y apareció un sol radiante que daba la luz al final del túnel. Como dice doña Carmen “Dios aprieta pero no ahorca”.

El pasado 18 de mayo del 2017 doña Carmen y su familia regresaron al nuevo casco urbano de Gramalote. Llena de alegría, de ilusiones y una felicidad enorme, le entregaron su vivienda en la Mnz 7 casa 25 en su querido y nuevo barrio Santa Rosa. Desde entonces una nueva historia comenzó. Dice que se siente muy feliz y que agradece primeramente a Dios y María santísima. También a cada una de las personas que de una u otra forma contribuyeron para que este sueño fuera una realidad.

Ahora, más que nunca espera que el pueblo este totalmente construido para que lleguen todos sus amigos y paisanos. Entre risas, lágrimas y un delicioso café, doña Carmen compartió con nosotros de una larga conversación en la cual nos enseñó que, por difíciles que sean los tiempos, debemos salir adelante sin perder la fe ni la alegría.

Para ella solo queda pedirle a Dios salud para vivir muchos años en su tierra gramalotera y que su familia y amigos tengan «Carmelita» para rato.