Por: Fabiana Peñaranda Caldas

Él, un joven guerrero, apasionado y amante de la música, quien desde pequeño sentía esa conexión con el mundo musical, inclinándose un poco más por su actual estilo “el rap”, me cuenta cómo desde pequeño se vio obligado a vivir la vida y a crecer, después de la tragedia de aquel diciembre de 2010.

Charlando un día con este joven gramalotero, con su particular forma de hablar, me contaba cómo había tenido que salir de Gramalote y este fue su relato…

Comencé preguntándole – ¿Cómo ha sido su vida desde que salió de Gramalote?- y el me respondió: “mi vida dio un giro total, siempre tuve como ese gusto hacia la música pero jamás me pensé ver cantando. Siempre tuve ese miedo a intentarlo, pero al salir del pueblo sentí la necesidad de querer expresarme y de ser escuchado. Esta situación me llevó a realizar lo que me daba miedo en años pasados, pues estaba muy pequeño: expresar por medio del canto, en este caso del “rap”, lo que en realidad sentía.

Para mi salir de Gramalote a una ciudad fue algo duro realmente. Yo nací en Cúcuta y regresar a Cúcuta fue algo como decir ¡oiga yo no soy de acá! Mi vida se quedó en el pueblo, porque mi crianza realmente fue de pueblo y llegar con esas costumbres a una ciudad fue algo muy duro, pues venía con otros hábitos y en la ciudad uno debe aprender a decidir por sí mismo, a dejar de ser influenciable, porque las mentes influenciables en la ciudad tienen dos terminales: o crecer como persona con sus ideales y sus bases fuertes o terminar haciendo lo que el resto hace, para mí fue una formación personal muy grande a pesar del poco tiempo.”

Luego, le pregunté -¿Qué sintió en el momento que el pueblo se estaba cayendo y cuando supo que ya no iba a regresar?- “Pues yo solo pensaba en mis amigos, estaba muy pequeño y yo era como que, ¿Cuándo los voy a volver a ver? Si yo me voy para la ciudad, ellos a dónde irán, cuándo vamos a regresar, ¡mis juguetes! Realmente me preguntaba todo el tiempo qué va a ser de mi infancia, ahora con quién voy a jugar, ya no voy a poder jugar con mis amigos.”

-¿Qué es lo que más extraña del pueblo?- “Sin pensarlo, la tranquilidad y el compartir.”

Y con estas preguntas y nuestra conversación fui dándome cuenta de lo que en realidad había tenido que vivir este joven que, a pesar de no ser netamente gramalotero, se siente, como diríamos en Gramalote, ¡Más gramalotero que el chocheco!

Su historia es realmente encantadora, porque siendo tan solo un niño pensaba, hablaba y actuaba como alguien grande. Donny, con un carácter incomparable y su forma de expresarse, permite a todo el que lo escuche saber lo que el rap es realmente para él. Entre esta conversación, una de sus frases me llamo la atención “no sé si fue que me tocó crecer muy rápido o yo lo quise, el cambio fue, dejar de jugar para trabajar”.

Él, como muchos de los jóvenes gramaloteros, fue uno de los que tuvo que dejar su infancia para, como lo decía antes, vivir su vida. Muchos se vieron obligados a crecer en el ambiente de las ciudades de paso, ya que, como él lo decía, veníamos con costumbres diferentes.

Concluyendo esta conversación, él decía que quiere volver a Gramalote con algo, no quiere llegar con las manos vacías a esta tierra que le ha regalado tanto, quiere volver el rap algo normal para Gramalote y me decía: “En Gramalote se ve la carranga y es normal, quiero que el rap también se vea normal en Gramalote, porque realmente el arte salva vidas, el arte es una herramienta para un cambio. Tanto personal como profesionalmente, mi meta es poder llegar y aunque sea conseguir un espacio en la casa de la cultura para dar este tipo de talleres.

Creo que no hace falta hablar mucho con él para darse cuenta de que es alguien con proyectos, que no solo lo complacen a él, sino a su comunidad, especialmente a los jóvenes. Donny es un joven emprendedor que quiere llegar a su tierra con proyectos, hacerlos realidad y que no se queden en el ahora, él quiere dejar huella.

Finalmente, le pregunté – ¿Cómo cree que le cambiaría la vida al llegar nuevamente a Gramalote? él me dijo: “yo creo que no me cambiaría, pero si volvería recargado de experiencias. Creo que esa nostalgia que sentí algún día por salir de mi pueblo, se cambiaría en alegría, porque por fin podría estar tranquilo por tener un techo propio, y porque estaré en el lugar que me vio crecer.”