El Café

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El Café

Texto por: León David Peñaranda
Publicado en: Sesquicentenario, 2007.

A mediados del siglo XIX el café, ya sembrado en el Orinoco, empieza a cultivarse en tierras Nortesantandereanas con fines comerciales y, las faldas de nuestros cerros fueron lugares apropiados para establecer el café; en la finca Piedras de Moler, al costado oriental de la Calderera, se establecieron los primeros cultivos comerciales.

El café, como grano para producir bebida, es atractivo a los extranjeros a finales de siglo y era ampliamente conocido y comercializado abiertamente en Europa. Por su parte, las proximidades de nuestras tierras al rio Zulia, permitían una vía fácil y económica para transportar el producto al lago de Maracaibo; por esto fueron estos territorios estratégicamente superiores, inicialmente, a las tierras de Antioquia.

A mediados del siglo XIX, el tapiz vegetal de nuestros cerros empieza a cambiar rápidamente: el Borbón (hoy Jácome), el Perú (hoy Boyacá), la Corcova (hoy Lourdes) tumban sus montañas y las cubren de cafetales; se propaga el café de tal manera que para 1890 el cura Raimundo Ordóñez estima la producción en nueve mil cargas de café, lo cual hace suponer una extensión superior a 3000 hectáreas en cafetales.

Los colonos tumbaban la montaña, el caracolí y la ceiba tronaban entre los cerros cuando se descuajaban de su altura y pulverizaban la demás vegetación; los enormes troncos se cortaban a punta de hacha. Tumbado el bosque se quemaban los residuos, después se sembraban en la huerta el chocheco, el maíz y la yuca y, cuando la huerta estaba bien establecida, se sembraba el café: se arrancaban con chuzos las chapolas de lotes ya establecidos y se ahoyaba la tierra para poner la raíz de la planta de café. De esta manera rústica se plagaron nuestros cerros de cafetales; el sombrío era producto de la regeneración natural, los obreros que desyerbaban el café eran previamente advertidos para que dejaran algunas especies como el ceibo, el cedro, el pardillo y el caracolí que nacían de manera espontánea.

Bajo el ceibo se daban las mejores cosechas, fue tal la armonía entre las dos especies (café y ceibo) que cuando los ceibos se incendiaban en su flor, el patrón enviaba obreros a estos lotes, porque muy seguro el grano de café estaba maduro.

Piedras de Moler fue una de las primeras haciendas conocidas, se ubicaba en la vereda Miraflores (cerca de la Agrícola) y fue aquí donde Don Bartolomé Ballesteros y Doña Anita Molina y José María Ballesteros y Doña Mónica Yáñez establecieron los primeros cultivos comerciales en la zona (1840).
El café generó nuestro desarrollo: los caminos que hoy nos llevan por la agreste topografía gramalotera y muchos que ya olvidamos, nuestras grandes casonas campesinas, nuestra hermosa e imponente catedral que apenas hace 50 años engalanó las alturas con sus torres, y otras tantas de nuestras reliquias, que mostramos con orgullo, nos la heredó el grano de café que se obtuvo producto del esfuerzo campesino.

En el último medio siglo, se articuló a nuestro desarrollo el Comité Departamental de Cafeteros. Bienestar y desarrollo económico han alcanzado nuestros caficultores y el pueblo en general gracias a este valioso aliado.

Iniciado el siglo XXI el café sigue siendo la principal fuente generadora de nuestra economía, la mayor demanda de mano de obra y los mayores ingresos económicos, distribuidos entre nuestros pobladores, aun los genera el grano de café. Dios guarde este prodigioso cultivo que se ha mantenido, generando bienestar en nuestras tierras por más de 150 años.