Por: Vanessa León Sanchez

Me encontraba en el nuevo casco urbano de Gramalote, caminando por sus hermosas y tranquilas calles, cuando a lo lejos escuché una risa sonora y llena de energía. La alegría de poder estar en su pueblo, disfrutando de él con sus amigos, era evidente. Esa risa era del señor Hernando Ramírez Yañez, más conocido como «Nando Ramírez», uno de los afortunados de estar viviendo en el nuevo casco urbano de Gramalote.

Me acerqué a él y me saludó muy gentilmente. Él, al darse cuenta de que iba tras de su historia, se sentó a mi lado y me empezó a relatar cómo fue el momento de la destrucción de su antiguo y amado Gramalote. Fue inevitable ver, en ese momento, una mirada profunda al vacío, donde se reflejaba lo doloroso que fue recordar ese día.

Para Nando fue muy difícil abandonar su tierra, su pueblo y su barrio La Lomita, donde vivía con su esposa e hijos cuando sucedió el catastrófico desastre del 17 de diciembre. Recuerda que a las 9 de la noche del día anterior, se alertó que el cerro se estaba desboronando. Las casas de la urbanización Santa Anita se estaban derrumbando y los muros de los callejones se estaban reventando. Fueron horas de zozobra en donde ni él, su familia y muchas otras personas pudieron conciliar el sueño.

Al no poder dormir, Nando se situó en la esquina de doña Paulita con unos vecinos. A las dos de la mañana «salió a volar», como dice él. En ese momento, se encontró con su amigo Beto Cordero y ambos decidieron irse con sus respectivas familias a la ciudad de Cúcuta, huyendo de lo que decían podía ser la destrucción total de Gramalote: lo que al final terminó sucediendo.

Su vida antes de la destrucción de Gramalote era muy buena. Mientras sigo mi vista, Nando me cuenta que él y su señora esposa tenían cada uno su trabajo. Él trabajaba en la empresa de la parabólica de Gramalote, en el canal comunitario, donde le pagaban un buen sueldo, y su esposa era costurera y ama de casa. Por su parte, sus dos hijos estudiaban en el colegio Simón Bolívar y no les faltaba nada gracias a Dios.

Después de lo ocurrido en 2010, su vida dio muchas vueltas. Al acabarse el pueblo vivió inicialmente un año en la ciudad de Cúcuta, en la casa de un sobrino, y luego, pasados unos meses, arrendaron una casa en el barrio Atalaya.

Para su familia fue difícil la adaptación allí, ya que cambiaron totalmente su forma de vivir, al pasar de un pueblo a una ciudad. Sin duda alguna, cuenta que para sus hijos fue más difícil la adaptación por el proceso de aceptación en los colegios, ya que los alejaban por venir de un pueblo. Además, los jóvenes, en este nuevo espacio, estaban expuestos a un lugar donde se veía mucho el vicio y graves problemas; razón por la cual Nando y su esposa se turnaban para ir a llevar y recoger a sus hijos al colegio.

Al cumplir un año de estar viviendo en la ciudad de Cúcuta, a su esposa le salió un trabajo en Bochalema y se fueron a vivir allí durante cinco años. La convivencia allá fue muy buena, cuenta que las personas del pueblo los atendieron muy bien y les prestaron su mano ante cualquier situación que ellos pudieran tener.

Luego de 6 años intentando rehacer su vida, la travesía de Nando para llegar al nuevo casco urbano de Gramalote ha terminado. En este momento ya está disfrutando del pueblo en la casa de su señora madre y, aunque su esposa sigue viviendo en Bochalema esperando que le salga el traslado en su trabajo, sus hijos están cursando once grado y disfrutando del municipio.

Hoy en día, Nando Ramírez hace parte del proyecto cultural municipal y allí trabaja artes plásticas con los niños de las diferentes escuelas del municipio. Además, hace parte de la papayera de Gramalote llevando música, energía y alegría a sus paisanos en cada fiesta a la que va.

Nando quiere que en su nuevo pueblo se fortalezca la unión de las personas y se revivan las tradiciones culturales que son tan importantes para todos los gramaloteros. Sueña con la celebración de las comparsas en diciembre y desde ya, trabaja, junto a la administración municipal en el día de la Virgen de Monguí, la patrona de nuestro pueblo.

Este gramalotero espera con ansias la celebración de la Navidad, los aguinaldos y los globos en unión, paz y amor, como lo era en nuestro antiguo, amado y nunca olvidado pueblo de Gramalote.