Por: Ángel David Camacho

En mi vida como gramalotero he escuchado cientos de historias y conocido muchos personajes que recuerdo con gran cariño y admiración. Por esto, decidí escribir sobre la vida de un gramalotero quien, a través de su establecimiento comercial, la famosa droguería «La Reserva», hizo historia en Gramalote.

Esta emblemática droguería, tiene más de 50 años funcionando en el municipio y don Pedro, más conocido como «Pedrito», es su propietario. La historia entre Pedrito y La Reserva nos lleva hasta su niñez, cuando su padre decidió montar la farmacia que le traería muchas aventuras y anécdotas a su vida. Con orgullo vio a su padre forjar un legado que, años después, él y su hermano tendrían la responsabilidad de continuar para respetar la tradición familiar.

La Reserva era muy reconocida en toda la zona por la calidad de sus productos y la amabilidad para tratar a la clientela, era imposible no sentirse como en casa al atravesar sus puertas. Hoy, con nostalgia, muchos gramaloteros recordamos la cuña radial que decía «La misma droguería, en el mismo lugar de siempre».

Pero, como siempre, en la vida hay crisis y a Pedrito y su hermano les tocó una de las más difíciles: la droguería, que su padre les había heredado, quebró.

Ante esta situación, Pedrito sabía que no podía perder el negocio. Así que, sin muchos recursos, comenzó desde cero con el empuje y la berraquera que siempre ha caracterizado a los gramaloteros. Al principio fue duro, pero con el tiempo, mejoraron las cosas: la gente del pueblo ya le tenía confianza, conocía la tradición del negocio y, gracias a su reputación, pudo recuperarlo.

Luego de sortear momentos difíciles con su negocio, a Pedrito, como a todos los gramaloteros, le llegó esa Navidad negra que aún vive en nuestra memoria. Pedrito, después de tanto esfuerzo, nuevamente perdió a su anhelada farmacia.

Por más golpes que le dio la vida, Pedrito nunca bajó los brazos y siguió luchando para que el legado de su padre no terminara. Después de la tragedia vivió en el campo, pero siguió con su vocación llevando las medicinas en unos bolsos hasta La Lomita, la única parte del casco urbano que quedó de pie luego del deslizamiento, para venderlas y generar ingresos para su familia.

Por un tiempo dejó de trabajar, porque se enfermó y vivió en Cúcuta hasta que llegó el día más esperado por todos: El retorno al nuevo Gramalote.

Pedrito fue de los primeros gramaloteros que retornó al nuevo casco urbano de Gramalote y con él regresaron la droguería y su hija, la heredera de la tradicional Reserva. Pedrito hoy en día sea alista todas las mañanas para atender a sus paisanos y visitantes como si fuera la primera vez.