Por: María Camila Leal

Ramón Darío Becerra Riveros nació el 6 de diciembre de 1949, en el municipio de Gramalote. Siendo el segundo de siete hijos en el matrimonio entre Lucila Riveros Peñaranda y Virgilio Becerra Ramírez, su niñez fue alegre por crecer en una familia llena de amor y mucho respeto, en donde logró ver sus capacidades proyectadas en el futuro.

Desde muy joven le llamó la atención el sacerdocio y pensó que su vida iba encaminada por los pasos religiosos, pero la verdad es que existía algo que lo apasionaba más: enseñar. Darío siempre se destacó por ser el mejor en el área de las matemáticas, y era algo de su rutina reunirse con sus amigos para hacer un grupo de estudio en donde él se daba a conocer como “el profe de matemáticas».

El 16 de abril de 1973 ingresó como docente de matemáticas al colegio Sagrado Corazón de Jesús y sus ganas de superarse se notaron al poco tiempo, pues comenzó a estudiar docencia los fines de semana. Después, entró a la Universidad Francisco de Paula Santander donde estudió licenciatura en lengua materna para primaria y, más adelante, realizó su especialización en la Universidad Libre, en donde realmente se dio cuenta que amaba las matemáticas y que el enseñar y preparar clases era algo que lo llenaba de mucha alegría.

Su amor por lo que hacía era evidente y gracias a esto sus alumnos le tomaron mucho aprecio, respeto y gratitud al “profe Darío». Cuenta entre sus anécdotas como docente que, mientras enseñaba a sus estudiantes sobre la raíz cuadrada en el grado de sexto, aprovechó para dejarles de tarea llevar un ejercicio de raíz cuadrada. Entre risas recuerda como el domingo, a eso de las 7 de la noche, tocaron la puerta. Su visitante era el padre de un niño de una de las veredas, quien le manifestó que esa tarea que había dejado era muy difícil: “yo ya arranqué 6 maticas y ninguna tiene raíz cuadrada profe”. Es ahí donde él siente que escoger el camino de la docencia si valió la pena como proyecto de vida.

Muchos tuvimos la dicha de tenerlo como docente, ya que le dictó clases a sus hermanas, su esposa, sus hijos y sobrinos, dejando huella en 5 generaciones de gramaloteros. Todos los que pasamos por su aula recordamos las mejores enseñanzas, no solo en matemáticas, sino en puntualidad, respeto y mucha dedicación. Siempre nos hizo saber que los perjudicados de cada segundo perdido en clase, seríamos los mismos estudiantes quienes nos estábamos preparando para crecer.

Con el pasar de los años, el profe «Darío» se fue llenando de muchísimas experiencias y es hoy donde muchos recordamos ver en los pasillos del colegio a un hombre que en su mano izquierda llevaba su agenda, libros y su termo de agua, y en su mano derecha siempre tenía un periódico enrollado con él que le daba un ligero golpe en el hombro o brazo de alguno de sus alumnos indicándoles un saludo muy cordial. El periódico era una de sus formas peculiares de saludar.

El 6 de diciembre del 2014 llega el día que menos esperó, su jubilación, los recuerdos llegan a su pensamiento y con lágrimas en los ojos sabe que su ciclo terminó, pues estuvo 42 años en servicio de la institución educativa Sagrado Corazón de Jesús.

Hoy a sus 68 años, anhela llegar a la institución educativa en el nuevo casco urbano de Gramalote, para reencontrarse con las hermanas Bethlemitas y, aunque sabe que ya no estará a su servicio como docente, se quiere sentir en casa como el primer día.