Por: Fabiana Peñaranda Caldas

MI GRAN TESORO. Al hablar de perfección y gente valiente, no puedo pensar en alguien más que en mi madre. Ella, que desde pequeña ha luchado por conseguir lo que quiere, es una persona con una actitud hermosa e incomparable; solo te bastan unos cuantos minutos para conocer una mujer con carisma, valores y principios maravillosos, que solo ella puede demostrar.

Ella, con esos hermosos ojos que irradian su belleza interior, te transmite paz con su sonrisa y esa piel morenita, que la hace aún más perfecta, hacen que hable de ella como la más bella obra de perfección.

Mi madre ha sido una persona guerrera que ha tomado las riendas de su vida desde que era tan solo una niña. Tuvo que crecer para trabajar y darse todo lo que ella quería. Estando en el colegio estudiaba y trabajaba por el anhelo de ser alguien con un título y hoy realmente la admiro, porque ella no necesitó de nadie para llegar hasta donde está.

Mi mamá siempre me ha enseñado que tengo que valerme por mí misma y sobretodo a valorar las experiencias que me da la vida. Gracias a ella he aprendido que todo no pasa porque sí y que si la vida te ofrece algo bueno, debes devolverle algo aún mejor. Cuando hablo de mi madre siento que me quedo corta al describir a esta grandiosa mujer que, para mí y muchos otros paisanos, es una insignia de la cultura en Gramalote: los bailes, la música, los alegres vestidos y el color son símbolos del trabajo que ella ha realizado por la conservación de nuestras tradiciones y nuestra cultura.

La tragedia del pasado diecisiete de diciembre del dos mil diez, no lo solo le afectó, sino que la ayudó a reiterar su frase: “hay que valorar lo que la vida nos da”. A partir de lo ocurrido, aprendió a querer aún más lo nuestro y a valorar más a nuestra gente; aprendió que salir de su tierra no era fácil y a superar las penas, por dejar un pedazo de su vida y de su corazón, enterrado junto con su pueblo natal. Pero todo la hizo aún más fuerte de lo que ya era.

Ella ha sido emprendedora, luchadora y muy dada a su gente, siempre le ha gustado el liderazgo y trabajar por el bien de su pueblo; así comenzó un trabajo que hasta hoy la ha caracterizado: ser mujer líder gramalotera.

Pasados unos meses de esta tragedia, y su traslado a Cúcuta, comenzó a dar pruebas de esto. Fue líder de algunos habitantes gramaloteros residentes en esta ciudad durante tres años. Durante este tiempo conservó su esperanza y fe por nuestras tradiciones, a las cuales nunca dejó de asistir. Además, fue el reflejo de los gramaloteros al mantener la alegría por la que nos caracterizamos.

Con el pasar de los años vivió muchas cosas, pero ella con su perseverancia las supo hacer a un lado. Ella es luchadora, es fuerte y ha pasado por miles de pruebas para sacar a su familia adelante, sin desfallecer por un momento.

Mi madre fue profesora de danzas del municipio por cuatro años, ya que esta es su verdadera pasión, y al día de hoy se sigue preparando para ser siempre la mejor. Ella siempre me ha dicho que “nunca es tarde para cumplir nuestros sueños” y su sueño siempre fue ser jefe de enfermeras; por esta razón, hoy estudia enfermería para darnos un ejemplo a nosotros, su familia.

Hoy ya tiene su casa en el nuevo casco urbano, pero desde antes buscó la manera de irse a vivir a Gramalote, pues siempre supo que al pueblo volvería. Con cada pequeño avance en la construcción yo, como su hija, veía como se le conmovía ese corazoncito y recuerdo, como si fuera ayer, el día en que en medio de lágrimas nos contaba que ya teníamos casa propia, pues antes vivíamos como arrendatarios. Desde el momento en que recibimos la noticia sabíamos que, aunque no estaba aún construida nuestra vivienda, su estructura era sólida, porque era nuestra y con mucho amor la íbamos a habitar.

Mi madre siempre me ha recordado que para ser feliz no hay que tener millones, solo hay que tener un corazón gigante, amable, lleno de amor y sobretodo ¡humilde!, ya que la humildad nos hace grandes.

Esta hermosa mujer es Sandra Caldas una líder que seguirá marcando su camino en la historia de un pueblo que aun en reconstrucción es más fuerte que ninguno, porque este… este es Gramalote: alegre, amable y líder, así como esta líder.